Estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires y del Carlos Pellegrini, ambos dependientes de la Universidad de Buenos Aires, realizan desde este martes por la noche una toma del edificio a partir de las 22 en reclamo por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. La medida fue votada durante asambleas realizadas en contraturno y, según adelantaron desde el centro de estudiantes, podría extenderse durante los próximos días de acuerdo con lo que se decida en nuevas reuniones.
La protesta se da pocas semanas después de la masiva movilización universitaria del 12 de mayo y vuelve a poner el foco en el conflicto presupuestario que afecta a las universidades nacionales.
“Es un conflicto que nos viene interpelando desde hace varios años”, le dijo a Clarín Ona Morgenfeld, vicepresidenta del Centro de Estudiantes del Nacional Buenos Aires. Según explicó, en las semanas previas a la marcha realizaron distintos espacios de debate para discutir el impacto que tiene la crisis presupuestaria sobre el colegio, que depende de la UBA.
“Muchos estudiantes quedaron con ganas de seguir organizándose después de la movilización y por eso el centro de estudiantes convocó nuevas asambleas. Ahí se decidió tomar el colegio luego del turno vespertino”, agregó.
La continuidad de la toma se definirá día a día mediante asambleas estudiantiles. “La idea es hacer reuniones todos los días para decidir si sigue o no la medida. Lo más probable es que el jueves se levante porque los no docentes tienen elecciones y nos pidieron explícitamente que puedan realizarse”, contó Morgenfeld. De todos modos, aclaró que podría volver a discutirse una eventual continuidad hacia el viernes.
Durante la toma, los estudiantes permanecerán dentro del edificio y organizarán distintas actividades y espacios de discusión vinculados a la situación universitaria. Según explicaron desde el centro de estudiantes, el objetivo principal es visibilizar el reclamo por el financiamiento educativo y el deterioro salarial de docentes y trabajadores universitarios.
“Es difícil responder qué esperamos porque tenemos un Gobierno que desde el primer día dejó clara su postura frente a la universidad pública. Pero creemos que es importante sostener el reclamo y visibilizar lo que está pasando”, explicó Morgenfeld.
La Ley de Financiamiento Universitario había sido aprobada por el Congreso y contemplaba una actualización de partidas para garantizar el funcionamiento de las universidades públicas, además de una recomposición salarial para docentes y no docentes. También proponía mecanismos de actualización presupuestaria vinculados a la inflación y fondos destinados a investigación, becas y extensión universitaria.
El Gobierno nacional finalmente vetó la ley y desde distintos sectores universitarios advierten que la situación presupuestaria impacta en salarios, infraestructura, investigación y funcionamiento cotidiano de las instituciones educativas. En las últimas semanas hubo clases públicas, paros y distintas medidas impulsadas por estudiantes y docentes de universidades nacionales.
En el Nacional Buenos Aires, aseguran que el problema ya se percibe dentro de las aulas. “Tenemos docentes que cobran hasta un 30% menos que en otros colegios de la Ciudad y eso hace difícil sostener el plantel”, señaló Morgenfeld. “Hay profesores muy queridos que se terminan yendo porque no les alcanza para vivir. Muchos necesitan tener varios trabajos”, agregó.
La dirigente estudiantil también mencionó datos que circulan dentro de la comunidad universitaria y generan preocupación. “Nos dieron el dato de que en Exactas más de 400 profesores renunciaron desde que comenzó el actual Gobierno. Son cifras que preocupan muchísimo”, contó.
Desde el sector docente también acompañan el reclamo estudiantil. Nicolás Roel, preceptor y ex estudiante del Nacional Buenos Aires, le dijo a Clarín que la situación económica ya afecta el funcionamiento diario del colegio.
“Nos solidarizamos con el reclamo por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario y respetamos las medidas que los estudiantes resuelven democráticamente en sus asambleas”, explicó.
Roel señaló que muchos docentes renuncian o toman licencias para irse a escuelas del Gobierno porteño, donde hoy se paga más por hora de clase. “Los profesores que siguen trabajando necesitan sumar cada vez más horas para compensar la caída salarial. Eso repercute en la carga laboral y también en el tiempo disponible para preparar clases, corregir trabajos o hacer seguimientos”, afirmó.
El preceptor describió además un clima de preocupación dentro de la institución. “Hay mucha angustia e incertidumbre. El deterioro salarial y presupuestario es muy fuerte y eso termina impactando en toda la comunidad educativa”, dijo.
La preocupación, aseguran estudiantes y docentes, también alcanza a otras áreas de la UBA. “Tuvimos reuniones con autoridades universitarias y nos explicaron que incluso los hospitales universitarios podrían tener dificultades para seguir funcionando si no reciben financiamiento en las próximas semanas”, concluyó Morgenfeld.









